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Todos queremos ser naturalmente felices!!!!!

 

Art. Publicado en  Neurocapital Humano  http://www.neurocapitalhumano.com.ar/shop/noticias.asp?topid=36&t=NEUROFELICIDAD%2013-%20%C3%81mbito%20Personal.htm

 

Todos queremos ser naturalmente felices.!!!

Lic. José Miguel Toro

Argentina

 

Todos estamos llamados a ser naturalmente felices!!!!.

Pero, por alguna razón, muchas veces, no lo somos.

 

Entonces, la pregunta que deberíamos hacernos es muy sencilla, pero no es común o frecuente que nos la hagamos.

 

La pregunta es – ¿Cómo se hace para ser feliz?

 

Hay algunas alternativas que se presentan.

Comerciales, algunas, que se nos dan a nuestro paso de manera cotidiana. Por ejemplo, si nos detenemos frente a un kiosco de revistas, miramos con atención los productos  que se exponen, es frecuente que nos encontremos con algunas revistas o mínimos textos que llevan por título alguna de las siguientes frases: – Cómo ser feliz; Sea auténticamente feliz; Normas y principios para ser feliz; Los pasos para ser feliz; etc.

 

También, podemos encontrarnos con otros ejemplos, ello se da cuando visualizamos cursos  difundidos en los medios públicos de transporte o en la misma vía pública, que anuncian diversos eventos para ser feliz, y para darle realce al mismo, será dictado por un afamado maestro venido recientemente de la India con una breve estadía en los EE. UU.

 

Pero, no todo es chato, también sobre este tema, tenemos algunos textos que tienen vuelo propio, porque hubo grandes hombres  que durante la historia de la humanidad, se preguntaron sobre este tema. En esta oportunidad estamos haciendo una  referencia concreta,  no solo por su contenido, sino también por su autor, es el caso del texto “La felicidad Humana”, escrita por el gran maestro español, Julián Marías.

Obra por demás recomendable sobre el tema que estamos tocando.

 

Visto este panorama nos sentimos en la necesidad de pensar, ¿Qué hace que no sea tan fácil ser feliz y que tengan que existir libros que enseñan a serlo?

 

Es llamativo, –  ¿No les parece?-

 

En estas líneas deseo proponer nuevamente el problema con la intención de motivarlos a pensar en nuestra propia felicidad.

 

Entonces, si todos estamos llamados a ser felices, o nos sentimos naturalmente llamados a ser felices. Me pregunto. -¿Qué estoy haciendo para serlo?

 

¿Considero, en ocasiones, la manera en la que vivo?

¿Pienso, si vivo en el presente o si estoy pensando en todo lo que no pude hacer, en el pasado, por la intervención de los demás, o en todo lo que no podré realizar en el futuro?

¿Considero la posibilidad de mirar analíticamente mis procedimientos?

¿Pienso, a veces, si realmente yo hago algo para mejorar mi manera de pensar?

¿Me planteo, en algunos casos puntuales, si yo estoy haciendo algo para agradar  al otro?

¿Pienso, si en mis proyectos personales dejo lugar al otro?

¿Me planteo, a veces, la posibilidad de prestar atención al derecho del otro a ser querido por mí?

¿Estoy pensando la posibilidad de cambiar mi manera de proceder, en el campo de los vínculos con los demás?

¿Estoy pensando la posibilidad, aunque sea eventualmente, de pedir perdón?

¿Considero, al menos eventualmente, la posibilidad de amar al otro, sin pedir nada a cambio?

 

Para ser felices, entiendo, que debemos ser y proceder de manera coherente, es decir, no ocultar nada. Esto no es ser un cándido. Estamos diciendo que nuestros criterios deberían ser consecuentes con nuestras acciones; si deseamos hacer una referencia a grandes ejemplos de vida coherente, podemos pensar en los grandes maestros espirituales, ellos lo practican, tengamos presente en ese caso el ejemplo de M. Gandhi, el “Alma Grande”. Alguien que ajustaba permanentemente su manera de vivir a valores universales, logrando administrar la realidad, siendo con ello una persona  altamente proáctiva, y no dejándose gobernar por las circunstancias, que terminan degradando a la persona, convirtiéndola en alguien totalmente reactivo, es decir, alguien que no puede vivir la felicidad que da el ejercicio pleno de la libertad, en armonía con valores universales.

 

Estamos haciendo una invitación a vivir la ley del equilibrio, de la cual tan bien nos habla S. Covey, cuando desarrolla el primer hábito, en su texto: “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”. Busquemos una armonía en nuestras vida, en el vivir cotidiano, vivamos un presente intenso, sin el lastre de lo que ya murió y no puede volver, como es el pasado; ni nos ocupemos de lo que todavía no existe, tal el caso de lo que todavía no vivimos, el futuro.

 

En esta instancia, de un vivir en armonía coherente, encontramos a muchas personas que se expresan de diversas formas y en esas maneras de expresarse, nos muestran una transparencia madura, producto de un crecimiento interior que pueden darlo a conocer tanto en la música, como en la danza, o bien en la literatura, o bien en las relaciones interpersonales, o bien en la comunicación con lo trascendente. Pero en cada una de estas expresiones, percibimos un estado de felicidad en ella que se trasunta en las facciones de sus rostros y en su serenidad y paz que transmiten en la comunicación con los otros.

 

Pensemos que somos creados para ser y vivir de una forma, y en la medida en que lo seamos, estaremos actuando o viviendo, cotidianamente, de la manera para la cual fuimos creados. Estaremos viviendo en armonía con nosotros mismos, con nuestros semejantes y con el entorno todo.

 

Estamos tocando el tema de la coherencia. Una coherencia entre nuestro ser interior, natural, y nuestra manera de actuar, nuestra manera de proceder. Es una propuesta que no es novedosa, pero debido a las frecuentes dudas que nos asaltan, es una posibilidad a considerar.

 

La bibliografía a la que hicimos referencia al principio considera como necesaria la coherencia entre el ser y el actuar. Ahora esa coherencia es percibida, tarde o temprano por el otro.  Esa percepción se traduce en una forma concreta de respuesta o circulación del otro hacia mí, generando un diálogo.

 

Es decir, el otro al que me refiero o con el que me vinculo, decodifica, piensa y evalúa lo que percibe de mi manera de pensar y actuar, y saca conclusiones, conclusiones que se concretizan en la manera de responder a mis propuestas. Esas respuestas pueden ir desde la más absoluta e incondicional aceptación  hasta el absoluto rechazo.

 

Ahora bien, como somos seres naturalmente sociales, es decir, nos realizamos en sociedad, el rechazo del otro nos provoca un efecto que se expresa en tristeza, en amargura, en no felicidad.

 

Con este desarrollo estamos fundando la felicidad en la naturaleza naturalmente social de la persona, y en la necesidad en que esa vinculación o apertura al otro tenga necesariamente coherencia entre el ser y el actuar.

 

Ahora, luego de estas reflexiones, nos volvemos a preguntar.

¿Qué estoy haciendo para ser feliz?

¿Qué estoy haciendo para que mi actuar sea coherente?

 

De la respuesta que demos a estos interrogantes, obtendremos el resultado que estamos buscando con tanto ahínco.

 

Antes de finalizar  deseo dejar una pregunta en el aire para que cada uno pueda tomarla y poner a trabajar su mente.

 

¿Qué estoy haciendo yo para ser feliz?

 

Muchas gracias….

 

 

 

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